La obra cumbre de Matthew Arnold (1822-1888) como analista de la cultura de masas fue ‘Culture and Anarchy’ (1869), que establece toda una declaración de desde el título. Para situarlo en la escena, hay que tener en cuenta que la producción de Arnold se genera en el entorno de una nueva sociedad urbana e industrial, donde los movimientos sindicales y los partidos de los trabajadores reclaman un espacio político en la liberal Inglaterra del siglo XIX. Entonces, sociólogos como Karl Marx ascienden como la espuma en las reivindicaciones de las nuevas clases sociales, partiendo de la base de que The Communist Manifesto[1] (1848) plantea un nuevo paradigma en la organización social con una (utópica) igualdad entre el proletariado. Así, aunque Arnold considere que la cultura es “lo mejor que se ha pensado y dicho en el mundo2”, como un valor para el conocimiento de la humanidad, ve a la misma como un elemento que actúa para “la razón y la voluntad de Dios2”. Esto equivale a defender como válida la cultura de los regímenes gobernantes aristocráticos como fuente de la que beber para servir al “espíritu enfermo de nuestro tiempo[2]”. Esa ‘enfermedad’ es la libertad de las masas, “primitivas e incultas2”, que desafían a las esferas altas de la pirámide social. Su remedio será que el Estado actúe como educador primario de todas las clases[3] para combatir la anarquía.

Frank Raymond Leavis (1895-1978) reivindicará las banderas de Arnold en el siglo XX, donde, según él, la misión es todavía más difícil debido al creciente declive cultural. En su concepción, “la cultura siempre ha sido mantenida por una minoría[4]” y esta es el mejor refugio de las buenas tradiciones, aquellas que finalmente proponen una estabilidad al conjunto. Asimismo remarca que el precipicio está a la vuelta de la esquina, ya que las masas amenazan con “llevarnos a un caos irreparable[5]”: “He championed seriousness and moral depth in literature and criticized what he considered the amateur belletrism of his time[6]”. A diferencia de su antecesor, Leavis vive la expansión de los medios, el cine y la publicidad, los cuales son los obstáculos en el camino al “sentimiento genuino y el pensamiento responsable5” de las clásicas minorías jerárquicas. Como si se adelantase a la explosión mediática[7]futura que acrecentaría el problema.


[1] “Is a short 1848 book written by the German Marxist political theorists Karl Marx and Friedrich Engels. It has since been recognized as one of the world’s most influential political manuscripts”, Seymour Smith, 1998.

[2] Storey, 2002, p.41

[3] Storey, 2002, p.44

[4] Storey, 2002, p.47

[5] Storey, 2002, p.49.

[6] «F.R. Leavis.» Encyclopædia Britannica. Encyclopædia Britannica Online. Encyclopædia Britannica, 2011. Web. 12 Mar. 2012. <http://www.britannica.com/EBchecked/topic/334127/F-R-Leavis>.

[7] Sociólogos actuales acentúan a la televisión como la reina del fenómeno: “(En) la telebasura priman el morbo, el sensacionalismo, la sensiblería y el escándalo puro y duro. Parece que todo vale para atraer la audiencia […] Ha sustituido a la realidad […] Sus mensajes crean estilos de vida, concepciones del mundo, paradigmas sociales y gustos estéticos”, (Díaz, 2005, Intr).