Telecinco, Antena 3, Intereconomía, TV3, 8TV… etc. En según qué punto de España o Cataluña, estos nombres son mala palabra.

Como señala mi compañero Arcadi en su blog, «La veritat i la mentida sobre el món ens venen donats, són construïts, pel poder de torn. Democràcia i totalitarisme és donen la mà en aquesta realitat. Els mitjans de comunicació hi tenen un paper destacat en tot aquest fet al emetre i proposar la realitat que al poder li convé».

Desde una perspectiva feminista, Ana Belén Ojea se suma a la crítica con un post donde pulposas mujeres son carne de cañón en la TV. Dice: «El documental, realitzat per una productora italiana, tracta sobre la figura de la dona en la televisió italiana actual. Com veureu, la dona és denigrada i reduida a objecte sexual per la satisfacció única del sexe masculí. Aquest tipus de projeccions fan preguntar-nos fins a quin punt la figura de la dona ha evolucionat des de l’aparició de la televisió o si encara, es troba sotmesa al desitjos del sexe oposat. Desgraciadament, aquest tipus de comportaments no és exclusiu de la televisió italiana sinó que, a l’estat espanyol, són coneguts els programes que reprodueixen aquest tipus d’entreteniment».

Leyendo el material de Baudrillard en Cultura y Simulacro, esta obsesión por la regulación de los medios es una iconoclastía hacia la libertad de contenidos.

Ana, ¿Alguna de esas mujeres fue a la TV obligada a exhibir sus encantos o es parte de su negocio?

Arcadi, estamos de acuerdo en que el poder intenta controlar los medios. ¡Cuantos menos medios más gobiernos con NoDos!

«Justamente es esto lo que atemorizaba a los iconoclastas, cuya querella milenaria es todavía la nuestra de hoy.1 Debido en gran parte a que presentían la todopoderosidad de los simulacros, la facultad que poseen de borrar a Dios de la conciencia de los hombres; la verdad que permiten entrever, destructora y anonadante, de que en el fondo Dios no ha sido nunca, que sólo ha existido su simulacro, en definitiva, que el mismo Dios nunca ha sido otra cosa que su propio simulacro, ahí estaba el germen de su furia destructora de imágenes. Si hubieran podido creer que éstas no hacían otra cosa que ocultar o enmascarar la Idea platónica de Dios, no hubiera existido motivo para destruirlas, pues se puede vivir de la idea de una verdad modificada, pero su desesperación metafísica nacía de la sospecha de que las imágenes no ocultaban absolutamente nada, en suma, que no eran en modo alguno imágenes, sino simulacros perfectos, de una fascinación intrínseca eternamente deslumbradora. Por eso era necesario a toda costa exorcisar la muerte del referente divino».

Al regular estaremos poniendo nuestro punto de vista sobre el de otros. Dejemos que circulen todas las líneas editoriales, y que quien quiera ir a la TV a mostrar sus atributos, que lo haga. Que para eso somos adultos, tanto a la hora de ponernos frente a una cámara como al momento de elegir con el control remoto.