Cada vez que acontece una revolución mediática, ciertos estamentos que han vivido acomodados durante mucho tiempo intentan defender sus privilegios. No tiene nada de malo si no fuera porque el Estado intenta legislar a su favor en detrimento del interés general. El crecimiento exponencial de Internet y sus nuevas formas de comunicación es el propio demonio para estos personajes.

Siguiendo con la línea de análisis que planteaba en el post de Reixa, quien se luce con estas declaraciones es Jaume Sisa. Otro hombre de otros tiempos.

En la entrevista con El País apunta:

P. ¿Qué porcentaje de los problemas de imagen de la SGAE atribuiría al fenomenal altavoz de polémicas que es la Red?

R. Internet está sobrevalorado. Internet son cuatro tíos que tienen su negociete, que tienen su blog, su negocio, por no hablar de estas webs llamadas noséquéyonkis, que son un negocio montado a costa del trabajo de los creadores. Hay que poner orden en todo eso. No puede ser un territorio salvaje en el que los únicos perjudicados sean los autores, porque como todo lo demás no se puede pillar gratis, los únicos que palmamos somos nosotros.

P. ¿Diría que Zapatero se arredró al no sacar adelante la ley Sinde en los estertores de su mandato?

R. Zapatero se lo hizo encima. Fue un cobarde. No se atrevió a enfrentarse a cuatro internautas, porque son cuatro, que meten mucho ruido y parecen más… Y luego los medios les dan pábulo. ‘¡Se incendia la Red!’, dicen. ¡Qué coño se va a incendiar la Red! Son 22 tíos que están ahí toda la noche… clic, clic, clic… y que producen 21.000 visitas. Yo me pongo ahí con mis amigos y también podría lograrlo, pero no lo hacemos porque tenemos una vida propia… Nos ha jodido. Me molesta cuando se dice ‘los internautas han dicho’ ‘los internautas critican’. Pero, ¿quiénes son los internautas? Cuando salen a la calle no juntan ni a 37.

Probablemente el sistema de licencias haya sido el más cómodo en el siglo pasado, pero en el actual mientras servicios como Netflix o Hulu se popularicen en España, la piratería seguirá a la cabeza. Y mientras estas instituciones como la SGAE se nieguen a adaptarse a las nuevas tecnologías, ya pueden patalear… que nosequeyonkis seguirá liderando los rankings de webs más vistas.

El verdadero poder de Internet es que los usuarios tienen algo más que el control remoto en la mano. Y pueden expresarse de muchas maneras. Para quienes han sido siempre emisores eso no suena tan atractivo…

Antón Reixa es el hombre elegido para conducir la SGAE (Sociedad General de Autores de España), dedicada a robarnos a todos los que aportamos impuestos con medidas absurdas velar por la seguridad de la creación cultural.

En una de sus genialidades, el pasado 8 de marzo se lució en una conferencia  Netinking en la que aseguró que la difusión de la Banda Ancha en España es «excesivo; La gran ventaja de la banda ancha es para descargar megas y megas pesadísimos».

Con esto se intenta relacionar las altas descargas piratas con la velocidad de Internet, cuando países con redes mucho más rápidas poseen un menor % de pirateo.

Justamente los grandes progresos en el acercamiento a una mayor libertad informativa proviene de Internet por la accesibilidad y capacidad para reducir costes. Hoy es posible montar un canal de comunicación con una inversión mínima, partiendo desde un blog a un canal de TVip con muchísimo menos dinero que lo necesario para abrir un periódico o una grilla en la TDT.

Estamos llenos de algunos entes públicos y privados que intentan tomar las decisiones por los propios ciudadanos. Que cada uno determine cuántos megas necesita para leer diarios, enviar emails, consumir porno o ver películas. Y que Antón se quede con su modem de 56K.

Como en todo monopolio de poder, el gran problema de las teorías que presentan Arnold y Leavis es quién está capacitado para separar la paja del trigo y definir qué es cultura ‘buena’ o ‘mala’.

Ninguna minoría, por más iluminada que se encuentre, podría ostentar semejante capacidad. Así, la democratización de los contenidos artísticos –un proceso  en el que Internet tiene mucho que decir actualmente-, es un ejercicio sano para que cada uno pueda escoger la frecuencia que prefiera.

Vistas a la distancia, las obras de Arnold y Leavis fueron una reacción anticiclónicas ante los tsunamis sociales que cambiaron los status quo heredados de las monarquías absolutistas.

La influyente aparición de Raymond Williams (1921-1988) modificará las posiciones anteriores. Primero porque destroza uno de los clichés dominantes en el escenario: “una de las presunciones de la teoría era que algo estaba mal con la cultura popular y, obviamente, una vez se había hecho esa presunción, el resto era inevitable: se encontraba aquello que se estaba buscando: signos de decadencia y deterioro[1]”. Si bien hereda la concepción del ideal cultural, en que la perfección tiene “valores universales absolutos[2]”, este autor apunta el rol documental histórico y, principalmente, a su aspecto social. Para él, la cultura “es una descripción de un modo de vida específico”, desde un punto de vista antropológico, pero se compone de otros dos puntos cruciales. Los tres están ligados porque “existe una referencia significativa en cada uno de ellos” y son inseparables porque “tenemos que intentar ver el proceso como un conjunto”[3]. Entonces al primero se le agrega: 2) la expresión de valores y significados; 3) la clarificación de los significados y valores implícitos y explícitos en un determinado modo de vida, de una determinada cultura[4]”.

Esta visión más humanística acerca de la cultura es la distancia que lo separará de Leavis y Arnold. Williams sostendrá que las experiencias vividas “son la base para una definición democrática de la cultura”; en la que también diferencia entre “los bienes culturales creados por las industrias […] y lo que la gente hace con esos bienes […] No es posible reducir a las personas a los bienes que consumen[5]”. Y sentencia que “no hay… masas; sólo hay modos de ver a (la otra) gente como masas[6]”.


[1] Storey, 2002, p.63.

[2] Storey, 2002, p.79.

[3] Storey, 2002, p.80-81.

[4] Storey, 2002, p.80.

[5] Storey, 2002, p.85.

[6] Storey, 2002, p.64

Comenta mi amigo Arcadi lo siguiente en Enredats«Si volem assolir coneixement la informació necessita un filtre entre veritat o mentida, les xarxes socials estan plenes d’ambdues. Potser no podem assolir una veritat absoluta, però sí podem percebre la mentida absoluta».

Sobre la palabra Verdad, define la RAE en su diccionario en sus primeras dos entradas:

1. f. Conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente.

2. f. Conformidad de lo que se dice con lo que se siente o se piensa.

Es decir que para llegar a una verdad, debemos dar una conformidad. Por lo tanto, Arcadi, ¿quién hace de oráculo para determinar lo que es verdad o mentira? Tal vez lo que para mí es verdad, para tí es mentira. O al revés. Lo dice Mafalda mejor que yo:

Concluyo: no hay filtro posible en las informaciones, más que el que uno tenga. Los individuos somos tan responsables de contrastar el contenido como el periodista a la hora de redactarlo y comunicarlo.

¡Un abrazo!

La obra cumbre de Matthew Arnold (1822-1888) como analista de la cultura de masas fue ‘Culture and Anarchy’ (1869), que establece toda una declaración de desde el título. Para situarlo en la escena, hay que tener en cuenta que la producción de Arnold se genera en el entorno de una nueva sociedad urbana e industrial, donde los movimientos sindicales y los partidos de los trabajadores reclaman un espacio político en la liberal Inglaterra del siglo XIX. Entonces, sociólogos como Karl Marx ascienden como la espuma en las reivindicaciones de las nuevas clases sociales, partiendo de la base de que The Communist Manifesto[1] (1848) plantea un nuevo paradigma en la organización social con una (utópica) igualdad entre el proletariado. Así, aunque Arnold considere que la cultura es “lo mejor que se ha pensado y dicho en el mundo2”, como un valor para el conocimiento de la humanidad, ve a la misma como un elemento que actúa para “la razón y la voluntad de Dios2”. Esto equivale a defender como válida la cultura de los regímenes gobernantes aristocráticos como fuente de la que beber para servir al “espíritu enfermo de nuestro tiempo[2]”. Esa ‘enfermedad’ es la libertad de las masas, “primitivas e incultas2”, que desafían a las esferas altas de la pirámide social. Su remedio será que el Estado actúe como educador primario de todas las clases[3] para combatir la anarquía.

Frank Raymond Leavis (1895-1978) reivindicará las banderas de Arnold en el siglo XX, donde, según él, la misión es todavía más difícil debido al creciente declive cultural. En su concepción, “la cultura siempre ha sido mantenida por una minoría[4]” y esta es el mejor refugio de las buenas tradiciones, aquellas que finalmente proponen una estabilidad al conjunto. Asimismo remarca que el precipicio está a la vuelta de la esquina, ya que las masas amenazan con “llevarnos a un caos irreparable[5]”: “He championed seriousness and moral depth in literature and criticized what he considered the amateur belletrism of his time[6]”. A diferencia de su antecesor, Leavis vive la expansión de los medios, el cine y la publicidad, los cuales son los obstáculos en el camino al “sentimiento genuino y el pensamiento responsable5” de las clásicas minorías jerárquicas. Como si se adelantase a la explosión mediática[7]futura que acrecentaría el problema.


[1] “Is a short 1848 book written by the German Marxist political theorists Karl Marx and Friedrich Engels. It has since been recognized as one of the world’s most influential political manuscripts”, Seymour Smith, 1998.

[2] Storey, 2002, p.41

[3] Storey, 2002, p.44

[4] Storey, 2002, p.47

[5] Storey, 2002, p.49.

[6] «F.R. Leavis.» Encyclopædia Britannica. Encyclopædia Britannica Online. Encyclopædia Britannica, 2011. Web. 12 Mar. 2012. <http://www.britannica.com/EBchecked/topic/334127/F-R-Leavis>.

[7] Sociólogos actuales acentúan a la televisión como la reina del fenómeno: “(En) la telebasura priman el morbo, el sensacionalismo, la sensiblería y el escándalo puro y duro. Parece que todo vale para atraer la audiencia […] Ha sustituido a la realidad […] Sus mensajes crean estilos de vida, concepciones del mundo, paradigmas sociales y gustos estéticos”, (Díaz, 2005, Intr).

Hola companys,

Luego de algún intercambio con la consultora Sonia me he decidido por la temática de «cultura de masses«.

Me interesa particularmente las críticas que desde distintos estamentos se hacen «a los contenidos del populacho», siendo que estos muchas veces acaban halagados por sus otrora críticos tiempo después. Un claro ejemplo es lo que pasase con el Jazz en sus inicios.

Como expresaba Humberto Eco:

“La cultura de masas es la anticultura (…) llega a constituir el signo de una caída irrecuperable, ante la cual el hombre de cultura (…) no puede más que expresarse en términos de Apocalipsis (…) El apocalíptico, en el fondo, consuela al lector, porque le deja entrever, sobre el trasfondo de la catástrofe, la existencia de una comunidad de «superhombres» capaces de elevarse, aunque sólo sea mediante el rechazo, por encima de la banalidad media. Llevado al límite, la comunidad reducidísima —y elegida— del que escribe y del que lee, «nosotros dos, tú y yo, los únicos que hemos comprendido y que estamos a salvo: los únicos que no somos masa”, (Eco, 1995, p.2-3).

Y para acabar con este tema, la imagen de la musa de este blog. ¡Gracias por tu magia Belén! 😀

Hola a todos!

Bienvenidos al blog de «El Perro al Agua» 😀

Este se enmarca dentro de la actividad PAC1 del semestre en curso (01/2012) en la UOC en la asignatura «Mitjans com. història i actualitat aula 1». La consultora encargada es Sonia García López.

Si quieres que agregue tu blog en mi blogroll, dejame un mensaje en esta entrada con tu dirección. Asimismo puedes enlazarme desde https://elperroalagua.wordpress.com/

¡Aquí no arañamos como los gatos que van al agua!

Un abrazo companys,

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